Hay ocasiones en que lo peor de una pésima medida es la forma en que ésta es recibida y asimilada.
En el futbol mexicano desde siempre se han tomado decisiones desconcertantes en sí mismas, pero que en realidad suelen terminar causando mayor desconcierto por la manera en que algunos las interpretan o digieren, o pretenden interpretar o digerir.
Como prueba reciente está la increíble decisión de erradicar ascenso y descenso, a punto de cristalizar impunemente.
Otra vez la tradicional mentalidad centavera del corto plazo por encima de la adecuada visión deportiva de todos los plazos, de esa inexistente visión que en caso de surgir -como por arte de magia-les permitiría a los de pantalón largo entender que dicha medida terminará por afectar sustancialmente y sin remedio al suculento negocio del futbol.
Seguirán repartiéndose el futbolero pastel entre unos cuantos socios y amigos, pero la calidad y el tamaño de las rebanadas no serán los mismos porque tampoco lo serán los del pastel entero (y vaya una disculpa por la trillada analogía, pero ante la incapacidad de los dirigentes para entender de balones y de principios deportivos... a ver si con pasteles).
Por supuesto, con el tablero del planeta en jaque y todos nosotros como simples peones en manos del destino, se tornan menos relevantes que de costumbre las cosas que le atañen al futbol; y ante esa urgencia de lo esencial pasan menos advertidas, pero aun así con más pena que gloria, las mercenarias conductas que en ese futbolístico ámbito exhiben los distintos actores vinculados al mismo.
Incluso hay quienes defienden la nociva medida, y tratan de vendernos sin el menor empacho y con total descaro la idea de que la inminente "Liga de Desarrollo" (burdo eufemismo para referirse a la vergonzosa sucesora de la Liga de Ascenso) ¡será un inmejorable y allanado camino para fortalecer la formación y el crecimiento de los futbolistas mexicanos!
Y en lugar de pronunciarse con firmeza en contra de esa arbitrariedad, de esa unilateral medida erróneamente tomada, lo que han estado haciendo diversos participantes del juego, entre otras cosas, es desviar la atención tratando de engordar el flamante producto llamado "eLiga MX" (o algo así), que se nos quiere vender como si fuera el idóneo sustituto del interrumpido futbol.
Una buena ocurrencia que puede derivar en un buen entretenimiento, pero que es llevada (o pretende llevarse) a niveles y dimensiones que no tiene.
Aunque roces una y otra vez con la ridiculez, aunque frises con la indecencia entrándole con total desparpajo al juego, debes decir o hacer sentir que esa "Liga" está metiéndose con inusitada fuerza en el gusto de la gente, que ya se encontró así -en esta época crítica- la ansiada vía para seguir disfrutando con el deporte que más se juega en el mundo; o por lo menos, que mejor se vende.
En aras de hacer como que mantienes funcionando esa maquinaria, vender lo que sea como sea, aunque corras el riesgo de terminar vendiéndote a ti mismo.
Cosas del incomparable y ahora en receso negocio del futbol.
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