En este tiempo de enclaustramiento agudicemos la capacidad para reflexionar, clarifiquemos conceptos, revisemos ideas y mejoremos conductas.
Dentro del futbol podríamos empezar, por ejemplo, con la forma en la que percibimos el trabajo de los árbitros, los eternos incomprendidos y vilipendiados de este juego.
Empecemos por entender que los errores arbitrales son inevitables, que son inherentes a esa tarea, y que por desgracia adquieren otra dimensión por la frívola irresponsabilidad de jugadores, directores técnicos y dirigentes que suelen referirse a esos errores arbitrales sólo cuando los perjudican pero que alegremente los ignoran cuando los favorecen.
Una comodina postura asumida por quienes desde siempre han utilizado los errores del árbitro como conveniente velo para esconder o minimizar los propios.
¿Y si eso cambiara y de vez en cuando escucháramos declaraciones como las siguientes?: "El penal con el que perdimos el partido fue bien sancionado; el error fue mío por no haber medido adecuadamente los tiempos y haber llegado tarde a esa pelota".
"Después de ser claramente superados pudimos competir y rescatar el empate a partir de que nos quedamos con un hombre más, tras la injusta expulsión sufrida por nuestro rival".
Mucho le abonarían al juego limpio rasgos de honestidad y decencia como ésos, tan escasos, prácticamente inexistentes; y mucho facilitarían el asunto en el renglón arbitral, en el que hay tanto por hacer para mejorar no sólo a los que pitan sino a quienes juzgan lo pitado.
Es necesario capacitar más y mejor a los árbitros y a los integrantes del VAR, pero también ayudaría que fuéramos más justos al señalar los errores de los "hombres de negro", sin satanizarlos, sin utilizar con alevosía y ventaja las distintas tomas y las diversas repeticiones soslayando que ellos deben tomar cada decisión de inmediato, una tras otra y al calor del juego.
Distingamos entre las equivocaciones comprensibles (parte inseparable de la propia labor arbitral) y las que no lo son tanto, sobre todo desde que se cuenta con la valiosa ayuda del VAR como herramienta de justicia cada vez más importante.
De mucho podría servir, también, que se revistiera de mayor transparencia la labor de los árbitros, invitándolos a dar la cara cuando así prefieran hacerlo, para defenderse en los distintos medios por las críticas recibidas, para explicar abiertamente el por qué de cada decisión tomada; y para asumir, cuando así lo amerite, la debida responsabilidad por los errores cometidos.
Nada de eso, sin embargo, surtirá cabal efecto si no es aderezado con una buena dosis de honestidad deportiva de parte de jugadores, directores técnicos, dirigentes, comentaristas, analistas y aficionados.
Para contar con mejores árbitros y un mejor futbol (ya no digamos un mejor País), primero es necesario que mejoremos todos, cada cual en el rol que le corresponda desempeñar.
¿Quién se animará a empezar cuando el futbol renazca?
Twitter: @rgomezjunco |