El futbolero tema del momento es Javier Hernández, el ejemplar y famoso "Chicharito".
Toda la parafernalia alrededor de su presentación como flamante jugador del L.A. Galaxy de la MLS sirve para vislumbrar el tamaño de la figura, para entender la brillante trayectoria recorrida durante trece años, pero sobre todo durante nueve y medio, desde su salida de las Chivas hasta su regreso al continente americano.
Con las "tablas" que lo distinguen más allá de la cancha, en dicha presentación el ariete mexicano se desenvolvió con personalidad y soltura, en español y en inglés.
Sólo salía sobrando -y terminó manchando lo que hasta el momento había sido magnífico, impecable- que el propio Javier Hernández se autonombrara leyenda del futbol mexicano.
Algo innecesario e inoportuno por dos motivos: primero, porque no le corresponde a él, sino a los demás, decidir cuál es su lugar en la historia de nuestro balompié; y segundo, porque no resulta tan sencillo establecer quiénes llegan a "leyenda" y quiénes no.
Si los demás y el tiempo te lo reconocen, puedes convertirte en leyenda; pero si tan sólo eres tú mismo quien lo dice, puede sonar a cuento.
¿Cuántos futbolistas mexicanos calificarían como "leyenda" si desde ahora a Javier Hernández se le considera como tal?
¿Cuatro o cinco?, ¿más de diez?, ¿por lo menos veinte?
¿Qué nombres estarían por encima del suyo si se estableciera una jerarquía entre jugadores-leyenda de nuestro balompié?
¿El de Hugo Sánchez, el de Cuauhtémoc Blanco, el de Antonio Carbajal?
¿Horacio Casarín, Héctor Hernández, Salvador Reyes, Ignacio Calderón, Luis Fuente, Alberto López?
¿Leyenda por estos mexicanos lares, o más allá de las fronteras?
¿A cuántas leyendas incluimos... y qué entendemos por LEYENDA?
¿Si definiéramos a los diez principales "futbolistas-leyenda" de México, estaríamos hablando de los diez mejores jugadores?
Por supuesto que no, porque ser una leyenda -además de lo subjetivo del término- implica distintas cosas al margen de la calidad.
Implica, por lo pronto, tiempo... y ciertas peculiaridades o determinados rasgos distintivos, únicos.
Si después de veinticuatro años sin jugar ningún otro futbolista mexicano ha ganado cinco pichichis, te conviertes en leyenda.
Si en tu época eres el mejor y después terminas increíblemente como alcalde e imperdonablemente como gobernador, ya eres leyenda.
Si dejaste de jugar hace más de cincuenta años pero nadie más ha jugado en cinco Copas del Mundo, incuestionablemente eres también una leyenda viviente.
Si pasan diez o quince años y sigues siendo el máximo goleador en la historia de la Selección Mexicana, serás reconocido como leyenda sin necesidad de que tú lo pidas ni de que tú lo digas.
Que sean el tiempo y los demás quienes se encarguen de colocarte como leyenda, de reconocerte como tal.
Y mientras tanto... haz lo posible por seguir forjándola.
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