Ya cambió el futbol y ha cambiado el mundo... pero hay gente que no cambia.
Esta época de alarmante incertidumbre, pero también propicia para la reflexión y la revisión de las propias conductas, no parece hacer mella en muchos que vuelven a desperdiciar la oportunidad de ser un poquito mejores, de salir fortalecidos de la adversidad, de tratar de sacarle algo bueno a tan críticas circunstancias.
En el mexicano ámbito del balompié, como vergonzosos ejemplos de lo anterior están varios de sus geniales dirigentes, que lejos de aprovechar los actuales y azarosos tiempos para mejorar, los aprovechan, en el afán de proteger sus particulares y mezquinos intereses, para dañar a nuestro futbol con toda premeditación, alevosía y ventaja.
Todos desde su casa u oficina, ni siquiera con la mínima decencia para esperar el momento adecuado y hacerlo en persona, frente a frente y con la debida transparencia, los mandamases del Máximo Circuito asestaron el contundente golpe, largamente acariciado, para suprimir el ascenso, eliminar el descenso y así promover, como tanto les gusta, la mediocridad en el desempeño de muchos equipos.
Como complemento de la negra broma, la nociva decisión la tomaron (o votaron por ella y están a punto de tomarla oficialmente) con la complicidad de los propios afectados, de una apretada mayoría de los participantes de la agonizante Liga de Ascenso MX.
Quién sabe con base en qué oscuros motivos o producto de cuáles clandestinos enjuagues, SIETE de los DOCE equipos del Ascenso MX votaron a favor de una "Liga de Desarrollo", burdo eufemismo para referirse a la desaparición de esa categoría, elemental en cualquier sana competencia futbolera de alto nivel, o que aspire a serlo.
Los Cafetaleros de Chiapas, los Dorados de Culiacán, el Club Atlético Zacatepec, el Celaya Futbol Club, el Tampico Madero, el Atlante y los Alebrijes de Oaxaca votaron contra su propia Liga y contra sí mismos. Algunos, quizá, nada más por lana, y otros, tal vez, por la promesa de alguna de las franquicias disponibles para inscribirse en la Primera División y así formar parte de ese exclusivo grupo de amigos que quieren seguir repartiéndose el suculento y futbolero pastel nomás entre ellos.
Con la indispensable sensatez y la dignidad requerida, solamente 5 equipos se opusieron al artero mazazo propinado a la casi casi extinta División de Ascenso: los Mineros de Zacatecas, los Venados de Yucatán, los Cimarrones de Sonora, los Leones Negros de la UdeG y los Correcaminos de la U. A. de Tamaulipas.
Según parece, uno de los diversos motivos de los centaveros y "visionarios" dueños del balón (además de proteger sus propias inversiones y franquicias) es encaminarse rumbo a la creación, tal vez en 4 o 5 años, de una "Liga de Norteamérica" con cincuenta y tantos equipos: 20 mexicanos, uno que otro canadiense y treinta y tantos estadounidenses.
Aunque hoy resulte lo de menos ante LO DE MÁS, así asestaron el imperdonable golpe bajo a nuestro futbol los inefables dirigentes del mismo.
Todo parece indicar, por desgracia, que no tienen remedio.
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