41 victorias, 65 poles positions, 80 podios y 3 títulos de campeón del mundo son más que suficiente para justificar el estatus de leyenda de Ayrton Senna, sin embargo, el verdadero legado del brasileño se extiende mucho más allá del libro de récords.
La muerte de Senna es probablemente el trago más amargo en la historia de la F1; paradójicamente es también el que más vidas ha salvado.
El impacto del Williams FW16 sobre el muro en la curva "Tamburello" marcó un antes y un después en la seguridad de la categoría.
La seguridad, a raíz de la muerte de Senna, se convirtió en prioritaria. Los circuitos, el tipo de asfalto, muros, mallas de contención, compuestos de neumáticos, zonas de escape, pruebas de choque, protocolos, equipamiento de pilotos y miembros de equipo en el pitlane, todo ha ido evolucionando con la seguridad.
Desde ese 1 de mayo, ningún piloto de F1 se vio involucrado en un accidente fatal, pese a dramáticos momentos como el brutal impacto de Robert Kubica en Canadá de 2007 o el golpe de Felipe Massa en el Hungaroring, en 2009.
Fue en el GP de Japón de 2014 cuando la tragedia golpeó de nuevo en el paddock, con la muerte de Jules Bianchi.
Su muerte tampoco fue en vano y como medida de prevención llegó el "Halo" para proteger la cabeza de los pilotos.
La F1 fue una antes y después de su muerte, hoy le recordamos y agradecemos, donde quiera que esté.
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