¿Qué nos gusta del futbol?
Entre otras cosas, la plasticidad en los despliegues de jugadores capaces de dominar a elevados niveles su propio cuerpo, organizados en la búsqueda del balón, objeto esencial para conseguir sus propósitos.
Para el niño la pelota suele convertirse no sólo en su juguete preferido sino también en un refugio, en un magnífico pretexto para desenvolverse en un espacio exclusivamente suyo.
Porque el futbol es de asociación, se juega en grupo, pero para empezar a jugar algo muy parecido y para jugarlo solo, bastan una pelota y una pared contra la cual rebotarla.
Pocas satisfacciones como la de ir logrando cada vez con mayor frecuencia que el balón, ya no pelota, se dirija exactamente a donde quieres que vaya.
El futbol es un inmejorable conducto para transmitir e inculcar valores esenciales en el desarrollo integral de cualquier persona: la alimentación del espíritu gregario del ser humano, la importancia de la solidaridad, la enseñanza de que algunos objetivos sólo se alcanzan trabajando en grupo, el premio al sacrificio, el aprendizaje en el triunfo y en la derrota; el entender que dentro de la cancha hay ciertas reglas que deben cumplirse, como es necesario cumplirlas en la vida.
Como espectáculo suele funcionar el futbol como válvula de escape, como mecanismo de evasión para millones de personas, aunque por desgracia con él medren quienes lo utilizan como el circo que a muchos les haga olvidar la falta de pan.
En el futbol, como en la guerra, se produce el enfrentamiento de dos bandos, cada uno empeñado en vencer al otro, en dominarlo, en someterlo, en doblegarlo. Con las sustanciales diferencias a favor del futbol, que se juega con equidad de reglas y de armas, donde son la habilidad, la destreza y la capacidad de los contendientes los factores decisivos para lograr la victoria, donde no gana quien mate a más rivales sino quien meta más goles.
Podría ser el futbol, en un escenario idóneo, un portentoso vehículo de paz, en un mundo donde se resolvieran por la vía de ese juego los grandes conflictos. Un mundo donde las diferencias entre las naciones se dirimieran en una cancha, con los 11 mejores representantes de cada país en ese rubro, durante 90 minutos, con un balón de por medio en lugar de las bombas y los misiles.
Desde el ámbito del futbol puede entenderse un poco mejor el de la política, porque ambos comparten algunas peculiaridades; la competencia no siempre leal, la improvisación, los golpes bajos, los múltiples intereses que los contaminan; con la diferencia de que a los altos niveles de la política y del Gobierno puede llegar cualquiera -y por lo general no son los mejores quienes llegan-, mientras que en el futbol, en la cancha, alcanzan la cúspide solamente quienes mejor juegan, quienes en cada partido se ganan el derecho de seguir jugando.
Y ustedes, estimados lectores y queridas lectoras.... ¿qué otras bondades le encuentran a este maravilloso juego?
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