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SAN CADILLA
San Cadilla | 16-06-2016
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Queda Sosa en deuda
 
 
Hay alguien en particular a quien le duele que Ismael Sosa se haya ido de Pumas.

No, no es a Paco Palencia ni nadie del plantel, ni de La Rebel.

Si alguien sufrió por ver al volante argentino ayer por última vez en la Ciudad de México ese fue el encargado del restaurante del hotel Radisson del Pedregal.

Y es que justamente la mañana de ayer, cuando tuvo lugar el dramático desenlace de la "SosaNovela", me cuentan que Ismael, su representante Claudio Curti y un séquito de acompañantes desayunaron juntos en el referido lugar, pero salieron por patas cuando llegó la hora de irse a dar de catorrazos con la directiva de los Pumas, con el pequeño detalle de que se fueron sin pagar la cuenta.

Los encargados del lugar trataron de no preocuparse, porque a final de cuentas este hotel es lugar concurrido por futbolistas de hace años y esta práctica es recurrente, salvo que prácticamente todos regresan a pagar... excepto Sosa.

Un representante del equipo de meseros esperó durante horas a que alguien se diera un rol por ahí y le guardó cuidadosamente la cuenta, pero se pasó la mañana, la hora de la comida y toda la tarde, y nada.

El problema es que Sosa y sus compadres no se tomaron un juguito de 20 pesos, sino que quedaron a deber 700 pesos, los cuales seguramente olvidaron cuando se las aplicaron al mediodía, haciéndoles "perder" los millones de pesos a los que aspiraban por la transferencia a Tigres.

Desafortunadamente, los 700 pesos, según me contaron, tendrán que salir de la bolsa de los meseros si no ocurre el milagro de que Sosa regrese a pagar por el desayuno de su último día como jugador de los Pumas.

 
 
 
Una víctima más
 
 
Y hablando de lo que ocurrió después del desayuno de Ismael Sosa, que seguramente se le indigestó, pues lo que supongo esperaba que sucedería en su negociación para irse de Pumas, no sucedió.

Las malas lenguas me cuentan que, como ya les platiqué, cuando la gente de Sosa vio la cantidad que presumiblemente pagó Tigres por él, algo así como 9 millones de dólares, vio la chance de hacerse de una lana y demandó un 20% de la misma para irse ya sin armarla de tos.

Por supuesto, no les quisieron dar un millón 800 mil dólares y ahí fue donde la cosa se atoró, provocando que Sosa se montara en su macho de mejor quedarse en Pumas.

Sin embargo, Sosa estaba lejos de imaginar que le iban a echar encima esa vieja arma que adoran en la Liga MX y que se llama "Pacto de Caballeros", que ya sabemos cómo funciona...

Acorralado como fiera, a Sosa no le quedó de otra que aceptar su cruel destino y mandar comprar el boleto de avión a Monterrey antes de tener que comprar uno hacia afuera del país.

Esto explica perfectamente que cuando se dio un rol más tarde por el hotel de su representante, le extendió el dedo medio y le recordó el 10 de mayo a quien quiso preguntarle cómo le había ido en la negociación.

 
 
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