Ovidiu Hategan y el compromiso con su trabajo

Félix Fernández
en CANCHA


A Edgar.

La imagen dio la vuelta al mundo en pocos minutos: Virgil van Dijk, capitán de la Selección holandesa y autor del último gol del encuentro, se acercó al árbitro rumano Ovidiu Hategan, tras el empate a dos goles en Gelsenkirchen ante Alemania. Se percató que el juez lloraba y, después de unos segundos y unas breves palabras, le abrazó.

Hategan, de 38 años e internacional

desde 2008, se enteró del fallecimiento de su madre al medio tiempo. Dirigió la segunda parte de manera impecable y después del silbatazo final, dio inicio a su duelo, ahí mismo, en la cancha del Schalke 04.

¿El árbitro pudo abandonar el estadio y viajar de regreso a Rumania? Sí. Supongo que precisamente por eso le dieron la noticia al medio tiempo. Sin embargo, tomó la decisión de permanecer, cumplir con su responsabilidad y ocuparse de la tragedia una vez concluido el encuentro de la UEFA Nations League.

Reflexiono acerca de los muy largos minutos que este profesional se mantuvo en cumplimiento de su deber, sin afectar a nadie, con enorme concentración y responsabilidad. Pienso en la batalla mental constante que tuvo que librar durante un partido que, sobre todo, tuvo un final sumamente emotivo, por los dos goles que convirtió Holanda en los últimos minutos y que significaron su clasificación al "Final 4" sobre Francia y la propia Alemania. Imagino la tormenta y el sufrimiento mental que invadieron al árbitro durante ese tiempo.

Al final de cuentas es un tema de compromiso con uno mismo y sus convicciones, lo que lleva a cumplir con la tarea encomendada, sin importar que ya se conoce el desenlace y que éste sea fatal. Liderazgo, entereza y decisiones en beneficio únicamente del espectáculo... o del consumidor... o de los jugadores, pero no de él mismo.

Claro, es muy fácil abandonar la misión o comprometer a alguien más para realizar el trabajo, pero Hategan no evadió lo que le fue encomendado a pesar de la noticia. Finalizó su primer y único partido de esta competencia y, entonces sí, aceptó la ayuda que le ofreció la Federación Alemana para trasladarse lo antes posible a su país.

Años atrás, en 2013, Hategan pitó un partido en Moscú entre CSKA y Manchester City. Yayá Touré se quejó de gritos homofóbicos por parte de la afición rusa, pero no reportó nada, pese a que las manifestaciones racistas eran inminentes. Se abrió una investigación y el estadio de CSKA recibió una sanción parcial: se impidió la apertura de una grada para el siguiente partido internacional. Hategan fue duramente criticado, incluso en voz del Presidente de la UEFA Michel Platini, por no detener el juego.

Hay noticias que nos toman desprevenidos y que obligan a dar un giro radical en la vida. Hategan recibió una de la peores, en muy mal momento y en el peor lugar; esto le obligó a activar sus propios mecanismos de emergencia para no afectar a nadie y, por el contrario, cuidar el espectáculo. No sabemos nada del desenlace, aunque podemos estar seguros del orgullo que significa para toda su familia, porque es sin duda un tipo ganador, exitoso e íntegro, que permanecerá en el sitio que le corresponde a pesar de los imprevistos.

 
 
Twitter: @FELIXATLANTE12